Porque me diluyes. Con cada palabra que dices. Con cada frase. Cada gesto. En cualquier conversación que creo que es normal, sin embargo tus respuestas, una vez más, no lo son. Me pierdo, caigo de nuevo. Cada vez que insinúas que no entiendes lo que digo o lo que hago, me duele profundamente. Porque no quieres recibir explicación de mi parte tampoco. Coges todo tu hermetismo y te encierras en ser la víctima. Sí, lo reconozco, el error ha sido mío. Tan sólo simplemente el querer conocerte, ayudarte a llenar ese vacío y sí ,incluso salvarte. Por qué para mi vulgar entendimiento cada día es una prueba y cada palabra una clave para el siguiente acertijo. En cambio, siento como si librase una batalla en mi interior, por buscarle una solución lógica a cada una de tus expresiones. Y por más analítica que mi mente quiere ser , no llego a comprender si el muro está en mi lado o en el tuyo o...