Callas. Me armo de dureza, y enmudezco. Te vas justo antes de que las lágrimas salten. Quedo en el más absoluto silencio. Entonces la nada, ya no había nada. Solo silencio. Ya no estará la luz de mi corazón, solo quedarán las tinieblas. Todo por mi culpa, por todas esas dudas y mis innumerables miedos. Porque que estaba en medio de todo y de nada. Porque yo no estaba esperando a nadie, ni bueno, ni malo, ni distinto. Cuando te vi de nuevo e iluminaste mi mundo por completo. Creí que la suerte había vuelto a sonreírme. Pero ahora yo te he echado y he vuelto a la oscuridad, esa que se me clava en el pecho, que no me deja respirar, que me duele más a cada segundo que pasa. Ya no tengo fuerzas ni para levantarme, ni siquiera para pedirte regresar y que me perdones. Ya no me reconozco, soy como un fantasma moribundo, ¿será que mi alma se fue contigo? Mi interior se pudre lentamente y yo anhelando tu cálida presencia, cada día muero un poco más. Todo ...