Porque me diluyes.
Con cada palabra que dices.
Con cada frase. Cada gesto.Con cada palabra que dices.
En cualquier conversación que creo que es normal,
sin embargo tus respuestas,
una vez más, no lo son.
Me pierdo, caigo de nuevo.
Cada vez que insinúas que no entiendes lo que digo o lo que hago,
me duele profundamente.
Porque no quieres recibir explicación de mi parte tampoco.
Coges todo tu hermetismo y te encierras en ser la víctima.
Sí, lo reconozco, el error ha sido mío.
Tan sólo simplemente el querer conocerte,
ayudarte a llenar ese vacío
y sí ,incluso salvarte.Por qué para mi vulgar entendimiento cada día es una prueba
y cada palabra una clave para el siguiente acertijo.
En cambio, siento como si librase una batalla en mi interior,
por buscarle una solución lógica a cada una de tus expresiones.
Y por más analítica que mi mente quiere ser ,
no llego a comprender si el muro está en mi lado o en el tuyo
o si es infinito para ambos.
Y la tensión que empezó a crecer dentro de mí,
cada vez es mayor.
Llegando al punto de no poder mirarte a los ojos,
por más tiempo que unas milésimas de segundo.
Escudriñando a la vez en los tuyos,
para encontrar una escapatoria.
Con el deseo de hallar ese "algo", que no me haga caer ,
sucumbir, perder el control,
un indicio que desmonte todo lo que dentro de mi cabeza se ha creado,
Y eso me rompe. No soy inteligente.
Porque me callo, porque no digo nada,
porque sigo buscando la solución a la ecuación,
que no existe, porque ya da totalmente igual,
que yo esté a un millón de años luz de tí,
o a menos de un metro, porque me lo niego, y te evito.
Y cuando por fin te enfrento con la verdad,
te marchas, huyes y te escondes.
Tú que consigues llevarme hasta el límite, prácticamente rozando la locura,
y sin embargo allí me abandonas, a mi suerte.
De nuevo las preguntas rondan mi mente:
¿Para qué? ¿Por qué? ¿Cuál es la clave?
Decido alejarme, usar el silencio como escudo.
Pero el destino en su naturaleza traviesa,
consigue ponerte de nuevo en mi camino;
tu mirada se cruza conmigo una vez más ,
tus ojos se quedan clavados en los míos
y en respuesta te aparto la mirada,
no necesitas más palabras, más argumentos.
Te has dado cuenta.
No juego a tu juego, porque la partida ya no existe,
porque en realidad nunca existió.
Sí esto es una oportunidad, para algo ,
quizas sea para decirte que no voy a continuar,
que necesito un final.
El que sea.
Y si debe ser éste, porfavor te ruego no hables.
¡Déjame marchar!
Y haré como sí todo lo que siento no fuera cierto,
como si nunca hubiera existido.
Aunque en realidad,
me esté rompiendo en mil pedazos por dentro.
Admito haberme equivocado una y mil veces.
Me tragaré mi orgullo ,que es mayor que mi miedo,
para asumir y decir que ...
Renuncio.
H.
Una frase:
"A veces hay que callar, tragarse el orgullo
y reconocer que uno estaba equivocado.
No es rendirse, se llama crecer"
- Fray Nelson Medina
Una canción:

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