Cae la tarde...
Mes de julio, el calor es asfixiante.
Durante mi ascenso hacia el punto de nuestro encuentro,
me saluda la Puerta del Sol y la Luna.
Benditos amantes.Destinados a no rozarse jamás.
Oteo el reloj y apresuro la marcha.
El lugar está desierto,
con un atisbo te descubro a través del ventanal.
Tú, sin devolverme la sonrisa, no desperdicias la ocasión, sin apartar la vista acompañas mis pasos mientras cruzo la plaza hasta alcanzar la puerta.
Finalmente nuestros cuerpos se
encuentran en un saludo intenso con un aroma familiar.
Sentado frente a ti, mientras el café humeante comienza a empañar mi visión. Reclamo la tregua que no creo merecer y al tiempo sostengo tus manos con firmeza.
De repente tus ojos comienzan a enjugarse en
lágrimas.
Mi corazón se quiebra, sin lograr contener las palabras que
irremediablemente brotan de mis labios:
-Me encontré vagando por las sílabas de tu nombre.
Soy
consciente de ello, tanto como de mi nefasta inseguridad que me llevaría a herirte
¿Lograrías soportarlo?-
Me clavas tu mirada de nuevo; contemplo atónito la
incertidumbre reflejarse en tu rostro.
La tentación es excesiva; el deseo me abrasa.
Aún con todo, vaticino tu respuesta.
- " Ya es tarde".-
Y el silencio se hizo de nuevo, perpetuando su existencia.
Y allí en ese rincón siguen
nuestras almas perennes, observándose, amándose en silencio, para que no vuelva a ser tarde nunca más.
H.

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